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sábado, 6 de diciembre de 2014

Descripció treball valencià.

1984, crec que 12 de febrer va nàixer, mai vaig voler-li preguntar per la seva vida, degut al respecte que li tenia, però recordé petites coses que ell em contava.
Els seus pares van morir tots dos a l'any 1989, quan ell tan sols tenia 6 anys, va passar a ser custodiat per els seus oncles, de apariència refinada segons les fotografies que em va ensenyar.
Ell era molt pacient, ho sé ben bé, degut a que quan jo li tocava peçes al piano, ell les escoltava amb molt de gust, amb molta paciencia, amb il.lusió.
Una volta el vaig mirar als ulls després de tocar 'Fantasía Impromptu' els tenia brillants, tan brillants com si acavasi de plorar, com si sel's hagués eixugat amb aigua, com si el Sol li pegara directament.
Tenia sempre les pupil.les dilatades, no tenia indicis de tindrer problemes amb les drogues, pot ser ho haguera superat i les pupil.les li quedaren així degut a la costum, o com bé diuen d'excitació, pot ser s'excitava al sentir música, al sentir el soroll que produïa el piano, qualsevol piano li plenava, pot ser fosi eixa la seva droga, 'el piano' nova droga de venda al mercat.
Tenia una barba amb el seu encant, amb el seu atractiu.
Mai em vaig fixar en els seus llavis però sí amb les seves dents, eren tan perfectes, com si foren artificials, però no, no ho eren.
Psiquicament era un desequilibrat, per no cridar-lo boig, no sabia mai el que feia, no tenia res clar fins a l'últim moment, feia el primer que se li passava pel cap, però, sabeu? Era molt especial, analitzava cada pam de tu i de qualsevol, ell sabia com pensaves, et coneixia i a penes havia parlat amb tu, sabia com eres, com reaccionaves davant de la gent, que era el més important per a tu.
Ser tant analitzador el va acarrear problemes com l'ordre, mantenia un ordre a la seva vida amb el que t'asombraves i el qual compaginava amb el desordre del seu cap.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

F #1

En el momento en el que estás hundido, no miras más allá del problema, te centras sólo en ello, por lo tanto lo ves todo oscuro, pero en el momento en que tu mente se libera, ya eres feliz, lo ves todo bonito, de color verde.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Su mirada.

Tenía la mirada perdida en un cúmulo de nubes blancas, la mirada fija en su mirada, esos ojos negro azabache, esos labios tan detalladamente perfectos, pero no hablemos de sus labios, hablemos de su mirada.
Su mirada es como la lluvia en un día de verano,
como el sol derritiendo el hielo del invierno.
Como la vida misma siendo vida, algo soportable, pero doloroso, algo extraño por así decirlo.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Sr. William.

Era un hombre peculiar, su voz, sus palabras te relajaban, sin embargo su silencio te retorcía por dentro. Recuerdo yo, una tarde de otoño, en una aula pequeña. Estaba ya atardeciendo, anocheciendo, oscureciendo, los rayos de luz filtraban por las ventanas, que a su vez reflejaban en las teclas del piano. Estuvo cuestión de media hora callado, escuchándome tocar "Fantasia impromptu" sin ninguna pausa, sin ninguna corrección, no habló, parecía que a penas respirara, era la primera vez que me sentía presionada pero relajada tocando una pieza de tal dificultad como esta, acabé de tocar y él se quedó perpetuo mirándome las espaldas, sí, yo lo podía observar por un espejo que ocupaba toda la pared delantera de la habitación. De pronto, una brisa entró por la ventana, suave pero apuñaladora, la cual hizo que mis cabellos se despeinaran, él seguía mirándome sin habla, entonces yo reparé en tocar "Corpse bride" en una escala triste, de tonalidad menor, él cogió una silla, la acercó hacia mi derecha y se puso a tocar junto a mi en una escala alegre y una tonalidad mayor, ahí fue cuando entendí lo que era la soledad observada desde dentro y la plenitud y satisfacción desde fuera.

martes, 30 de septiembre de 2014

Soy como.

Soy como hoja caída de un árbol.
Como flor pálida al interior de un libro.
Como las malas hierbas de tu jardín perfecto.
Como el cero que va antes de la coma.
Como el libro que sujeta la pata rota de la mesa.
Como la cuadrícula de una libreta de matemáticas que sólo sirve para poner tinta sobre ella.
Como tu piel con tatuajes.
Como tus córneas, transparente.
Como el viento, inasequible.
Como el océano, grande y a la vez pequeño.
Como la vida, envuelta en un papel en el que tú, yo y él somos la mierda que limpia.

viernes, 26 de septiembre de 2014

La vi.

Vi sus curvas a trasluz del sol del horizonte, su piel se erizaba y sus cabellos ondeaban contra el viento del poniente.
Me llevó a Ítaca, me enseñó sus tierras.

113.

Una mariposa, azul creo que era, la atrapé en un frasco de cristal que había en mi habitación, la miré, le hablé, pero nada, ninguna respuesta, la vi tan nerviosa que decidí soltarla.
Salió por mi ventana, apresurada, como si el Tiempo le faltara.
El Tiempo vale oro. - pensé.
Efectivamente el Tiempo costaba la vida, costaba un riñón por así decirlo.
Vivir poco ya era mucho. Vivir mucho ya se esfumó de las mentes.
Ahora pensaréis: joder, esta tía siempre hablando de muertes y cosas frías, pero en verdad no es solo eso, ¿sabéis? hay más detrás de todo, o eso fue lo que aprendí mirando a la mariposa azul posada sobre una rosa negra, era mi rosa negra, la que siempre estaba presente en mi cama, en mi libro, en mi almohada...
Abrí uno de los mejores libros que tengo por la página 113, por eso de las supersticiones y tal, ya sabéis, el 13, ¡oh! el 13, número temido, número de mala suerte, pues veréis, la mala suerte mirada al revés es la mejor suerte que hay aquí, en la Tierra, en el mundo, abrí el libro, retiré la rosa negra olí las páginas del libro y dejé la rosa en el suelo.
!Dulce aroma el de los libros!
¿Por qué no hacer una colonia con este olor? 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Me caí.

Me he caído, me he perdido.
Un desierto alumbra mi despertar.
¿Por qué estoy aquí metida, pero a la vez tan libre?
Un desierto es una cárcel abierta, tienes todo tu espacio pero estás solo, y alejado, es como mi mente, como cuando me meto en ella.
Abre tu cabeza, mete tu pie derecho, luego el izquierdo, agáchate, coge los extremos con las manos y cierralo de nuevo, encojete, como si de un feto se tratase, respira, respira, respira, cierra los ojos, cierralos fuerte, inspira, expira, ¿lo ves? ¿ves lo negro? Eso es la tranquilidad de vivir. Estás encerrado, lo sabes, pero tienes una tranquilidad inmensa en tus córneas, en tus pupilas, tus brazos no responden, tus piernas tampoco, tu corazón late, late, late, late, lat..., la...

martes, 23 de septiembre de 2014

Mi propia muerte.

Cuando me informaron de mi propia muerte se dieron cuenta de que algo era erróneo. Pues seguían manteniendo los pies a flote, mi señor.

Piensan que todo lo que les digo es porqué se me ha ido algo de las manos, ¿O me equivoco?

Diagnosticaron el caso como si el móvil aparente fuese la envidia. Los celos. Se equivocaban. Había más. Se dignó a observar mi rostro. Desconocía el asesinato, pues.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Señorito Murphi.

La dejó aturdida, ruda y amarga aquél licor fuerte denominado el 83.
Entonces ella se dirigió a él y le dijo:

-Sería sutil que me acompañara descalzo por la vía. No hay motivo aparente de avergüenzo, señorito Murphi.

Poema d'amor delirant.

Ja s'ha apagat la llum de la lluna, i ara recorde els teus petons a les meves galtes com si foren estels caiguts.
Els teus dits al meu coll com si estigueres tocant la guitarra, específicament eixa cançó que tant m'agrada.
Son els teus ulls marrons mirant a l'alba des del meu balcó, cos nuet, mirada penetrant, destroçada, perduda.
Però, i la teva veu rebel? i el teu rostre lluitador? Amb una 'ç' et canviaré el dolor per la dolçor.
Ho saps, saps que no crec amb l'amor, tan sols vull que sigues lliure al meu costat, vull un petó de matinada, revolucionari, per a substituir la cafeïna i la cocaïna matinera.

sábado, 12 de julio de 2014

Son solo hojas.

        Verano de 1987.

           Miércoles 16.

Estaba yo acostada en el sofá, y he visto una luz entrar por la ventana, me he asomado y bueno, es la Luna, como siempre, borracha y callejera.
La Luna me la ha recordado, ¿será que la Luna recuerda a quién te hizo feliz en algún momento? ¿o yo me estoy volviendo paranoica?

Quería escribirle una carta, pero mala suerte la mía de tener sólo boli y no papel.

Aunque también por aquí cerca tenía un libro que me estaba leyendo.

Inspiré y le arranqué una hoja que había en blanco en el libro. Me dolió como si me arrancaran el corazón del pecho, pero valía la pena escribirle aquella carta, le escribí, me desahogué y la quemé, no sé porqué nunca se la mandé, estaba ahí todo escrito, todo.

Y recordad que:

Un olvido es para siempre.

Un adiós es hasta nunca.

domingo, 6 de julio de 2014

Entre ventana y luna.

Entré en la habitación, me puse el pijama, sí, ese pijama tan feo que llevamos por casa, joder.
Después decambiarme abrí tanto la persiana que casi se engancha arriba, y abrí tanto la ventana que por ahí cabía hasta un avión, imagínate.
Fui a apagar la luz, puesto a que esta noche no me apetecían visitas de mosquitos, y antes de salir de ahí, no sé ni como ni por qué, la vi.
Vi a una chica que vivía enfrente, en su habitación, acostada, con una lamparita y leyendo. Me recordó muchísimo a mi.
Desde aquél día miro siempre por la ventana, solo para ver si me encuentro una vez más o esta era la última.

martes, 24 de junio de 2014

Me enseñaste que.

De la misma manera que pudiste morir, me enseñaste a no valorar la vida. Me enseñaste a llorar por esquinas. Que mi fiel compañero de viaje es el alcohol que más grados obtiene. Que no hay aliados. Que hay más problemas, menos soluciones. Que existe el final al principio. Que nunca ha existido un principio si un buen final. Que nunca has llorado delante de valientes. Pero que los cobardes te hacían reír. Me enseñaste que nadie sueña despierto. Que todo son bulos que nos quieren contar. Dicen: ”todo irá bien", como si no supieras lo sucedido. Me enseñaste que escribiendo se liberan pensamientos. Que dando glopes no reprimes tu rabia. Que dándolo todo nunca recibes nada. Que falsos somos todos. Y absurdos también.

sábado, 14 de junio de 2014

Poesías nocturnas.

Su sonrisa fue mi escuela,
ella mi fiel compañera,
una grata compañía que a mis ojos desteñía su color marrón verdoso,
que por ella fui lo que era,
que por ella sigo en vereda,
oh, dulce doncella, ¿por dónde se va a la mancha?
No quisiera alardear de que sé un mundo entero, pues recorro las esquinas de su bello cuerpo, peca a peca, pelo a pelo, le daría el cielo, si me diera sexo.

miércoles, 30 de abril de 2014

Aquél búho gris.

Tenía ojos grandes, como platos y una boca relativamente pequeña.
Emprendía un vuelo rapaz cada catorce días de cada año. Un día se le olvidó aquél vuelo rapaz y a los quince días del año siguiente murió. Sí, murió.
En realidad no se trataba de un búho. Era la más sabia persona que había conocido jamás. Pero a la vez, la más trastornada. ¿Por qué los sabios están locos? Tal vez su visión de la vida es diferente a la nuestra y juzgamos. O tal vez nos aterre lo que dice porque en realidad sabemos que es cierto.

viernes, 25 de abril de 2014

Es tan él, que bueno, ¿para qué estar yo?

¿Amor? No, más bien locura.

¿Sabéis? Nunca he hablado de amor, ya que nunca he creído esa leyenda de patanes. Ese invento de las personas débiles ante otra persona que es su  'media naranja'.

Nunca he notado la presencia de amor, ya que nunca he querido admitir mis sentimientos.

Así que en este texto llamemos al amor X. Es gracioso, porque él me enseñó a denominar algo que no debía saber o no lo sabía ni él como X.

Os voy a hacer una descripción suya.

Mide un metro setenta aproximadamente, tiene medio melena ni lisa ni ondulada, de un color negro. Tiene los ojos azules claros, y una mirada penetrante.

No pierde el tiempo en creer en un Dios, desde mi punto de vista es muy inteligente, le gusta la lectura, dibuja bastante bien y lo mismo al escribir. Suele odiar a la gente y no confía a penas.

Oye, si lo estás leyendo que sepas que no tengo ni puta idea de que nos está pasando, ¿vale?

Y bueno, él tampoco creía en el amor, bueno, no exactamente, él lo que no quería era que otra persona que estuviera junto a él sufriera por lo que le pudiera pasar.

Cuando lo conocí me acojoné un poco, ya que parecía que lo supiera todo de mi, que me leyera el pensamiento, y seguramente también sepa como me siento, un poco como la mierda.

No entiendo por qué pero hace ya tres meses que no me habla. No recuerdo haberle hecho ni dicho nada de lo que me deba arrepentir para que me perdone. Aunque a lo mejor le molestaba mi presencia.

Es que es tan él, que bueno, ¿para que estar yo?

Novela.

Hey. Estoy escribiendo una novela. Si a alguien le interesa, entrad aquí.

http://w.tt/1nG9sTQ

Gracias y espero que sea de vuestro agrado.

domingo, 20 de abril de 2014

¿Jugamos?

Estaba hoy sentada bajo la sombra de un roble, allá en la montaña, obsevando mi alrededor, cuando de repente me he quedado mirando una montaña que tenía a unos ochenta metros delante de mi y he empezado a cuestionarme la vida.

Mirad, la vida es un juego.

A ti y a mi nos ha tocado la peor baraja, y para el colmo no tenemos ni puta idea de como mover ficha, no sabemos las reglas de este juego, no tenemos nada que apostar y mucho menos algo que perder.

Ellos tienen todos los ases, empiezan moviendo los reyes, nos dictan sus leyes y les molesta tener que apostar si ya saben que lo van a recuperar.

Bueno, sigamos con el juego.

Te despiertas una mañana sobresaltado de tu cama. Sudando la gota gorda, quejándote sin a penas haber movido un pie, te pones tu mejor gala, tus mejores zapatos, todo lo que no quieres perder, pero sabes que lo único que vas a perder es tu vida. Se va consumiendo. Eres hierro. Ese hierro expuesto en la baranda de unas escaleras descubiertas, el hierro que aguanta la lluvias, los granizos, las nieblas, los vendavales, eres el que lo aguanta todo, pero, ¿para qué? Si el final siempre llega. Solo las personas inteligentes deciden que ha llegado su hora de morir, los demás viven en la miseria hasta que el 'destino' les prepara un hueco en algún nicho.

Elegid el día trece, a mi me gusta.

Recordad el día.
Deseo que un día trece venga alguien y me invite a jugar al póker streep. Ese que a medida que pierdes te quitas la ropa, y como ya os he dicho ninguno de nosotros somos unos entendidos de este juego.

Yo deseo que perdamos, porque en mi deseo se pierden tus ganas, y con tus ganas y mi deseo no podremos seguir vivos, al menos en este sitio, porque en  el subconsciente se vive como un jodido dios.

Ayer subí a un ascensor. Se paró en seco y creamos un  full, éramos dos reinas y tres jotas.

¿Jugamos?

lunes, 14 de abril de 2014

Historias de madrugada.

Recibí una llamada de aquella chica.
Me dijo que fuera hacia el árbol más, grande del pueblo.
Fui todo lo rápido que pude, pero, ya era demasiado tarde. La encontré colgada de aquél árbol con una cuerda bastante fuerte.
No sé que la llevó a hacer eso, y estaba tan asustado que me fui a casa y me dormí para ver si cuando despertara ella seguía a mi lado.

Desperté y pensé, «Era jodidamente adorable, feliz y alocada. Una de las mejores personas que he conocido hasta ahora.»

Remontemos dos años atrás.

17 de octubre de 1989.

Emily era una dulce chica, feliz, sin problemas, se quería mucho, demasiado.
Una noche ella se puso a llorar, recordó todas las cosas que había pasado y se dio cuenta de la mierda que era y en la mierda que vivía. La veían recaída y pálida los meses siguientes, alguien le dijo que tenía mala cara, entonces ella decidió vestirse todas las mañanas con su mejor sonrisa, aunque hablando de vestimenta, se vestía raro al parecer de las personas 'normales'. Con ropa más grande que ella, se odiaba tanto que se hubiese tapado la cara para salir a la calle si hubiera podido. Pasó un año y empeoró muchísimo su estado psíquico, pero a vista de la gente ella transmitía felicidad. Ni la mejor psiquiatra que la visitó sabía el motivo de su demencia. Le recetaban pastillas, pero, no hacían ningún efecto sobre ella. Llevaba la mayor parte de sus días pensando en su muerte.
Pasaron un año y once meses.
El último día del mes once ella llenó la bañera, antes de entrar se miró al espejo, le pegó tal puñalada al espejo que no paraba de sangrarle la mano. Cogió una cuchilla y quiso suicidarse en la bañera, pero no tuvo huevos para hacerlo, el día número quince del mes número doce, lo llamó a él. Le dijo que fuera a el árbol más grande que había en su pueblo. Él fue y se la encontró muerta.

martes, 8 de abril de 2014

El libro.

Era un libro.
Tenía un color marrón pero con tonos grisáceos, un tocar agradable, estaba algo estropeado pero era leíble.
Pasaba mis dedos sobre sus hojas y podía sentir algo extraño, como si de un orgasmo se tratase. Era tan placentero su tacto que dormía con él para sentirme acompañada. Tenía una peculiar manía que era la de oler la página por la que me había quedado antes de cerrarlo. Era una manía bastante bonita, por calificarlo de algún modo. Huelen igual pero son diferentes, cada página cuenta un olor. Y cada olor es diferente pero igual que el anterior. No pretendáis entenderme, yo sé que me digo.
Leer por las noches hasta que mis párpados no resistieran y domir con el libro sobre mi pecho. Solía soñar en como continuaría la historia, pero nunca acertaba con la siguiente página.
Cuando leía odiaba que me molestaran era como si me mataran en el mundo en el que estaba para aparecer en otro peor, la realidad.
Odiaba la realidad, era un infierno demasiado duro.

domingo, 6 de abril de 2014

Perdí mi mirada.

Después de una hora de lectura
estaba hoy balanceándome en los columpios de un pequeño parque, con la mirada perdida entre unos árboles que habían enfrente de mi. Veía el viento pasar al igual que el tiempo, oía de fondo chillidos de niños inocentes, como también oía el chirrido de las cadenas del objeto en el que me encontraba y por otra parte el sonido de mis botas al golpear el suelo.
Miraba a la nada, pero lo miraba todo. Perdí mis ojos en la Luna y con ellos la esperanza de volverlos a encontrar. Ella es como yo. Es fràgil, con pensamientos descabellados que lo único que quiere es enviar a la mierda la fuerza de gravedad que la sostiene y así caer al suelo y romperse en nueve mil pedacitos blancos y grisáceos.
Quise expresar tantas cosas con mi mirada que me quedé absolutamente atontada.
Quería saber que me iba a deparar el futuro. Más que sea imaginármelo, pero nada,
¿Será eso que no tengo ningún futuro?

viernes, 28 de marzo de 2014

La esquizofrénica mariposa negra.

12 de Junio de 1970.

A eso de las ocho de la mañana entraban los rayos de luz por el balcón de la habitación. La noche anterior hacía tanta calor que lo abrí de par en par y me quité completamente toda la ropa.
Al abrir el ojo derecho pude observar una ligera sombra sobre mi hombro. Abrí bien los ojos. La miré. Era una mariposa negra, tan oscura como mis pupilas, pero me transmitía paz. Era frágil y débil. La amaba. Era mi yo interior que vino a por mi. Le puse mi dedo al lado y como si de un robot se tratara se posó en él. Me sentí bien a pesar de la mierda a la que estaba sometida.
Sentía que controlaba su libertad sin abusar de mi libertinaje.
No recuerdo bien que le dije pero salió volando y no la volví a ver.
Solo la veía en mis sueños pero al final se convirtió en una obsesión. La veía por todas partes. Y no sabía distinguir si era real o no. No me dejaba dormir. Era mi mayor temor. Era un monstruo que me perseguía. No sé con que fin, pero lo hacía. Parecía hablarme, pero yo ni me inmutaba, estaba tan cegada con su belleza que ya podía estar matándome que yo no me daba cuenta.
Pero, aún así me hartaba. No me dejaba en paz. Ni un solo segundo. No me dejaba dormir. No me dejaba vivir.
Oh, dulce mariposa, como me conocía.
Sabía que amaba su dolor y odiaba su belleza. Sabía que odiaba su dolor y amaba su belleza. Sabía que yo era ella y que por lo tanto no podría hacer nada ya que, no vale de nada hacer algo a cambio de nada.

martes, 25 de marzo de 2014

Simple.

-¿Dónde has estado todo este tiempo?
-Muriéndome.
-¿Por qué sigues viva?
-Porqué esos jodidos aparatos me salvaron.

Y bueno. Desperté un día diecinueve de marzo, ¿puede ser? No recuerdo bien.
Hacía muchísimo frío. Abrí los ojos y había alguien pinchándome para sacarme sangre. A través de los rayos que podían filtrar por la ventana la vi. Era una mujer de mediana estatura, con gafas, pelo corto y rubio. Parecía simpática, pero, no me dejé engañar a simple vista.
Me sacó dos tubos de sangre y se marchó. Miré el reloj y eran las siete de la mañana. Más adelante, sobre las ocho, volvió a pasar con un termómetro, me tomó, la temperatura y se volvió a ir. Media hora después, a las ocho y media vineron a decirme que me levantara que ahora tomában la tensión.
Me puse una chaqueta y salí hacia fuera.

'Pasaron más cosas que no quiero recordar.'

Realidad en la mentira.

La ilusión de creer algo real basado en mentiras. En cosas inexistentes. En cosas que sólo están en lo más profundo de tu mente.
Ella te hace creer que todo lo que tú piensas existe. Y te engaña. Pero, ¿Qué más da? Tú le haces caso. Es tú razonamiento, y, nadie lo puede controlar. Ni tú mismo. Es otra persona dentro de ti la que te dirige.

También se le llama 'realidad en la mentira' a lo que la gente, con sus razonamientos te hace pensar a ti. Te hace llegar a esa conclusión. La mayoría de la gente son tan sumamente ignorantes que mueven la cabeza hacia arriba y hacia abajo a todo lo que les dicen. Como si vivieran desinteresados. Aunque también es verdad que hay personas que no son ignorantes pero viven desinteresados de su propia vida. No les interesa lo más mínimo. Dan guerra mientras existen pero, en el punto en que se mueren. ¿Qué pasa? Nada. Nada ni nadie los recuerda ni los recordará jamás, y, ¿Sabéis por qué? Porqué tu recuerdo es el de ellos. Si tu no recuerdas como eras antes de toda esta mierda, ¿cómo lo van a recordar semejantes personas ignorantes?

domingo, 23 de marzo de 2014

Mis fantasmas.

'De pequeña siempre he creído que los fantasmas rondaban por mi habitación y me observaban. Me querían matar y tenía miedo.
Que los monstruos guardaban entre armarios y bajo camas. Con sus grandes dientes para hacerme desaparecer.'

Habrán pasado ya algunos años desde que me he dado cuenta que esos fantasmas están en mi cabeza. Me hablan. Y no, no estoy loca, no oigo voces, los oigo a ellos.
Estaréis pensando que los olvide. Que es una paranoia mía, pero, ¿sabéis? Nunca los voy a olvidar. Tengo que aprender a convivir con ellos, por muy malas ideas y muy malos impulsos que me den. Siempre hay un equilibrio de bien y mal en todo, y supongo que en el cerebro también. Son ellos.
Pero mi bien y mi mal no están equilibrados. Están más bien desproporcionados. El noventa y nueve por ciento son mis fantasmas, el uno por cierto el optimismo. ¿Quién ganará las batallas?
Hasta hace poco les tenía miedo esos fantasmas que me observaban y me querían matar. Hoy lo están consiguiendo, opinan de todo lo que hago y me matan lentamente. Nadie lo sabe, es una cosa entre ellos y yo.
¿Los monstruos? Bien. Ya no se amagan bajo las camas, ni entre armarios. Soy yo misma un monstruo. Nadie conoce a los monstruos. Nadie sabe cómo, ni en qué se han convertido. Nadie conoce el porqué. Nadie, nadie. Hay tanto nadie para tantos fantasmas dentro de mi que me siento completamente vacía pero extrañamente completa.

martes, 18 de marzo de 2014

'Homicidio de una suicida'.

No tienes ni idea de qué pasó.
No me quise suicidar. No era yo.
Eran ella y su marido, no paraban de hablarme y decirme que lo hiciera.
Me dio un papel, me dijo que lo firmara con mi sangre, y me prometió que me llevaría por buen camino, uno de los mejores. El paraíso especial, lo llamaba.
Lo que no supe era qué documento estaba firmando en ese momento.
Pacté con la muerte y el suicidio.
Las dos cosas por igual.
Fue el homicidio de una suicida.
El crimen perfecto.
Puso la cuerda sobre los tabiques de ese viejo techo.
Me puse de rodillas.
Soplé la única vela que había en esa granja de colorado.
Me levanté.
Me despedí de ellos y me suicidé matándome.
  
    Ella era un cadáver descompuesto, de ojos cerrados, solía colgar de un árbol, el más viejo que encontrara.

    Ella era Ixtab, diosa del suicidio. ''La de la cuerda''.

   Él era un esqueleto gigante, con vestiduras blancas, era portador de una guadaña con hoja de hueso.

   Él era Chamer, dios de la muerte.

Mientras yo chillaba como una idiota, ellos dos se pusieron a follar. Jodidos desalmados.
Los odié.
Pero solamente un minuto.

viernes, 14 de marzo de 2014

Vámonos ya, los muertos nos esperan.

Aquél 3 de julio del 84, nos levantamos sobresaltados de aquella fría cama a causa de la llamada, a eso de las 4 de la mañana. Nos dirigimos a aquélla fábrica abandonada ya que provenía de allí.
Fuimos, y ¿qué había allí?
Nada. Absolutamente nada. Empezamos a pegar vueltas y más de lo mismo, me giré y observé en la pared algo que me impactó, lo llamé y le dije: ''Vámonos ya, los muertos nos esperan.''

domingo, 9 de marzo de 2014

Desembocando en locura y odio.

El odio. Es un sentimiento.
Un sentimiento que en muchos casos nos lleva a la muerte, nuestra muerte, nadie la decide, solo nosotros.
El cúmulo de días, meses, hasta años odiandose a si mismas las personas te hace un descerebrado poco a poco.
El odio es como el cáncer, por así decirlo. Empieza por una manchita pequeña, hasta que ya no lo puedes controlar, y bum. Se te ha ido de las manos y ocupas la mayor parte de tu tiempo odiándote. Así sin más. Sin explicación alguna. Nosotros somos nuestros peores enemigos.
El odio conlleva muchas veces a la locura. Y cuándo digo locura no me refiero a la de cuándo alguien salta de un primer balcón y le dicen, '¡Ala, que loco!' Sinó a la locura del subconsciente. Esa que no controlas. Esa que te controla a ti.
Te vas volviendo cada vez más loco. Pero claro, que os voy a contar a vosotros, pensaréis que estoy loca, o que mi único sentimiento es el odio, tal vez os engañéis, pero lo más probable es que acertéis.

'El insomnio es lo más jodido que puede haber.'

martes, 4 de marzo de 2014

{Parte 1.}

Un invierno del setenta y dos. Puta suerte la mía de haber nacido. Tenía unos dieciocho años ya. Inconsciente de que era mi vida, pero suficientemente consciente como para subsistir yo sola, o intentarlo.
Aquella tarde, creo que fue un trece de enero me estaba duchando. No hacía ya bastante frío que decidí poner el agua congelada. Supongo que fue para que me llegara mejor la sangre al cerébro, ya que no tenía n idea de que hacía allí.
¿Sabéis dónde era allí?
Empecemos por el principio,
Desperté el veinticuatro de diciembre, abrí los ojos, los giré a la izquierda, luego a la derecha, no podía ver nada, ya que no había luz, excepto un rayo que filtraba por debajo de la puerta, me levanté de aquella cama que estaba destrozada, empecé a pegar vueltas por aquella 'habitación', estaba nerviosa. Fui hacía la puerta, la abrí, y, había un pasillo. Salí de la habitación y corrí hacia la derecha. Y nada. Luego hacia la izquierda y, una simple ventana de un tamaño considerable por la que se podía saltar. Volví caminando hacia la otra parte para ver si me saltaba algo, y se me escapó una pequeña cosa, una puerta que había enfrente de la habitación que era del mismo color de la pared. ¿A quién iban a engañar? Tarde o temprano lo vería. Baje los trescientos ocho escalones. Seguí todo recto y salí a toda ostia de allí. Menosmal, llevaba cien euros en el sujetador.
Por allí cerca pude divisar un casino en el que sin dudarlo me metí. No tenía nada, ni casa, ni ropa, ni estaba en mi ciudad, así que me jugué los cien euros. Os preguntaréis que cómo lo hice para vestirme elegante y poder entrar. Pues veréis, entré en una tienda de disfraces y alquilé un vestido de etiqueta. Me costó unos 27 euros. Los cabrones no se cortaban ni un pelo. Entré en el casino con pinta de millonaria y con mis setenta y tres euros. Ganaba unos cincuenta. Perdía unos cien. Ganaba ciento veinte. Y así. Salí de aquél lugar con unos mil euros. Fui mil eurista. No me preguntéis cómo lo hice, pero con mil euros me dio para una noche y media en una pequeña casa en un pueblucho del norte. [...]

viernes, 31 de enero de 2014

Algo eterno.

Anhelo. Ambiguo. Ansío volver a mirar el cielo y que todo sea lúgubre. Pues parece que lo único tétrico que se pueda hallar es mi cerebro. Mi triste cerebro colmado de los mismos pensamientos. Día y noche. Pero la cosa empeora cuando despierto cada mañana, ya de madrugada me doy cuenta en que clase de mundo vivimos. Un desastre, ¿verdad?
En mi casa ya no hay luz. Claro está que con lo que hago no me llega casi ni para agua. Por esto, me encuentro bajo la cálida luz, por así decirlo, de las velas. Esas velas que al prenderlas no huelen especialmente bien. Y al apagarlas no dejan el dulce aroma de cualquier fruta tropical. Sinó las velas. De toda la vida. Empuñando con tinta sobre un papel arrugado y sucio lo que verdaderamente siento. Y bueno, como podréis imaginar el papel sigue arrugado y sucio. Me frustro al pensar que quiero lo que no tengo. Que quiero lo que no necesito. Más. Más. Y más. Pero ojo, al igual que yo todos vosotros, ese nosotros tan odioso. Y como siempre.

Decidió drogarse con el más caro polvo. Hoy se ve hundida. Dígame,

-¿Era más verídico quedarse en casa o meterse esa mierda por la nariz?.

-Nunca se plantee si lo que hago tiene algún fin concreto. Mejor plantéese que 'quizá los pájaros quieran tener piernas.'  

Nosotros.

Nosotros.
¿Os planteáis la mierda que hay detrás de esa palabra? ¿Cómo que que mierda? Sois odiosos. Bueno, me incluyo. Somos. Nosotros. Odiosos y falsos, víctimas y carroñeros, y lo mejor es que nos creemos que vivimos en una tienda de ropa o algo similar a un comercio, y, os preguntaréis, ¿a que viene lo del comercio? Pues viene a que no dejamos de poner etiquetas.
Oye, tú eres...
Blanco.
Negro.
Alto.
Bajo.
Gordo.
Delgado.
Feo.
Guapo.
De ojos claros.
De ojos oscuros.
Puta.
Sensible.
Agresivo.
Borde.
Virgen.
Y un gran etcétera de calificativos más.
Estaréis cansados de oir siempre discursitos de estos. Sí. Lo sé. Pero esque por muchos discursitos que hagáis no lo sentís. No sentís lo que decís. Bueno, en verdad ni yo lo siento. Escribo por que sí y por que me viene bien evadirme de mi, de la gente, escribiendo cosas como estas. Aunque tengan que ver con ellos. Con nosotros. Resulta inútil, pues, este texto iba a desembocar en una historia o algo parecido. Pero no sé. Las cosas cambian y bueno. En estos momentos he entrado en un shook temporal. No recuerdo nada. Lo siento.

domingo, 26 de enero de 2014

Oiga.

'La dejó aturdida, ruda y amarga aquél licor fuerte denominado el 83.
Entonces ella se dirigió a él y le dijo:

-Sería sutil que me acompañara descalzo por la vía. No hay motivo aparente de avergüenzo, señorito Murphi. '

sábado, 25 de enero de 2014

Marcaba

¿Un objeto? Ese reloj. Roto. Viejo. Oxidado. Ruidoso. Con el Tic Tac paralizado a merced del aire suave que corría por la ventana de la cocina. No era un reloj de pared. Ni mucho menos de muñeca. Ni siquiera iba a pilas. No entiendo cómo, pero aún funcionaba. Era diminuto, como un tapón de corcho, con la cadena forjada de oro y la plata estaba fundida. Nunca cambié aquel reloj por nada del mundo. Él era el que señalaba que cada día quedaba menos para mi fin, y junto a mi, el suyo.

El asesino de la cara sonriente :)

Informe criminal.

Esa chica. Sí, la reconozco, aquella rubia despampanante. De un rubio blanquecino, que solo se hacía negro al apagar las luces de la última calle de esta ciudad. Dulce rubia.

Aquella misma tarde me llamaron por teléfono, hablándome de algo más que un simple asesinato que tratara cualquier jueves a las cuatro de la tarde mientras me bebía mi nespresso frío, a merced de aquella estufa que iba a pilas, que me regaló mi madre del chino de la esquina para que no me resfriara mientras trabajaba, muy maja ella. Bueno, me llamó William, con un tono de voz un poco cerrado, el cual se notaba que estaba acatarrado, medio afónico diría yo, lo podía hasta visualizar en su despacho, con apenas la luz de la lámpara aquella que llevaba allí más tiempo que él, pobre señor William toda su vida trabajando, pero lo bueno es que le encantaba su trabajo. Me dijo algo así como,

Inspectora, sobre las 6 de esta mañana, cuándo yo había colgado mi abrigo en la percha, ha sonado el teléfono, lo he cogido y me ha hablado un loco.
¿Un loco? No diga tonterías, ¿cómo sabe usted que era un loco?
Porqué él, él me lo dijo.
¿Le dijo que era un loco?
Bueno, no exactamente. Verá descolgué el aparato que no dejaba de sonar, y me habló un hombre, le pregunté su nombre y solo se dignó a burlarse de mi. Me dijo 'voy por delante de vosotros y mi cara es sonriente, la población disminuye y vosotros, par de holgazanes no podréis hacer nada, porqué sonrío.'

Yo estaba muy extrañada no sabía de que hablaba. No había llegado ningún asesinato reciente, y el último se cerró justo ayer, con dos asesinos que incluso confesaron que fueron ellos.
Dos días más tarde de aquél suceso, en un bar de carretera de los alrrededores en una puerta encontraron escrito con un permanente desgastado. 'Yo maté a Claire, habéis encerrado a dos inocentes' Claro. No supimos que hacer, ya que toda la población estaba al corriente del caso y podría haber sido cualquiera con  tal de estorbar.

Aquella misma tarde llegó una pequeña carta a comisaría que decía.
Tenéis que saber que yo la maté, maté a aquella rubia, y también tenéis que saber que no me rindo fácilmente. :)

<<Siempre ponía aquella carita sonriente, era insoportable todo.>>

[...]

viernes, 24 de enero de 2014

Historia de medianoche.

Un día 5 o 6, no lo recuerdo. Me levanté exausto de un sobresalto de aquel colchón tan incómodo, estaba sudando, en pleno invierno, sudaba, sudaba barbaridades, el corazón me iba demasiado rápido, los ojos se me salían, hiperventilaba, con una mano estaba apollado sobre la cama, mientras me destapababa con la otra. Salté de la cama, no me puse ni zapatos ni nada. Fui a aquel váter completamente sucio, el suelo del váter era como el suelo que hay en las cocheras, gris, y lleno de mierda, aquello era como un meadero en pleno bar de carretera, y yo encima iba descalzo, pisé charcos y no me preguntéis de que eran, porqué no tengo ni idea. Hay una ventanita que apenas tiene 40 centímetros, apenas cabe un pie. Por el suelo hay cuchillas, sangre, papel, bastoncillos de las orejas, cucarachas, tornillos...cualquier cosa te podías encontrar allí. Me lavé la cara, y volví a la habitación, tenía los calcetines mojados y que daban pena, pero tenía tanto sueño que simplemente me los quité y los tiré por ahí. Me dormí y seguí soñando que estaba con mis putas, en mi yate del caribe, con todos esos kilos y kilos de droga, y botellas del alcohol más puro que encontré por la licorería de la esquina.

Aquella noche me metí demasiada droga como para saber quién era, dónde estaba o cuándo nací.

viernes, 17 de enero de 2014

Aquél árbol.

Últimamente tengo muchas pesadillas, y siempre me despierto asustada, pensando si todo ha sido verdad o un simple mal sueño.

Tratan de muerte. Sufrimiento. Y no tengo ni idea de porqué. Será toda la mierda que llevo dentro.
La mayoría de veces me descuartizan o me arrancan la piel o cosas de esas. Y aparece una bañera llena de sangre.
también un árbol, sin hojas, una cantidad inimaginable de ramas enmedio de la nada, pero en realidad esa 'nada' es la niebla de la noche que recae sobre aquel árbol, y que al estar todo en un tono niebloso cuesta diferenciar el fondo de la imagen y lo que puede haber detrás. Todo esto lo digo por el árbol. Es lo que realmente me llama la atención, en cada pesadilla aparece, cada vez me acerco más, en uno de mis primeros sueños veía aquél árbol desde una pequeña ventana de la casa en la que me tenían secuestrada personas que no existían. Todas las noches, antes de dormir, giraba sutilmente mi cabeza y observaba ese árbol, ese árbol muerto que me daba la vida. En otro de mis sueños conseguí salir de allí, no recuerdo con certeza cómo lo hice, pero lo hice, puesto a que en aquella casa ya no había nadie. Resulta que me tenían ahí encerrada y atada desde hace cinco años, y lo peor es, que mis supuestos 'secuestradores' no existían. Nunca los oí, ni los vi, ni siquiera intentaron hacerme daño. Nada, nada de nada. Nadie me hacía nada, porque no había por allí ni una rata muerta. Estaba yo sola, encerrada. Por fin salí de ahí, suelo recordar que hacía muchísimo más frío ahí dentro que en la  'calle'. Ciertamente no sabía donde estaba, lo único que sabía es que aquél árbol tenía algo, no era mágico, ni estaba vivo, es más, estaba más muerto que aquellas viejas casas que se derrumbaban sobre el río. Recuerdo que cada día daba un paso hacia alante y miraba a mi alrededor. Así cada día. Pero lo más extraño es que cuando pegaba un paso y miraba a mi al rededor cada día habían cosas diferentes, cuándo todo debería ser igual, pero no, a los 10 centímetros cambiaba el paisaje. No sé, ni quiero saber el porqué de aquello. Lo único que sé es que casi estaba ya en el árbol, pero ayer retrocedí un paso, me agaché y recogí un pequeño reloj plateado, con el cristal roto, que estaba medio enterrado entre la nieve de aquel frío suelo, me guardé el reloj y ahí me quedé. Esta noche no sé que me pasará, pero cuando llegue a el árbol puede ser que me devuelva la vida o algo parecido.

miércoles, 15 de enero de 2014

Dulce Coraline.

Me dijo que visualizara la escena mientras me lo contaba, era algo así como.

'Viernes por la tarde. Fue a eso de las ocho. En pleno invierno. Recuerdo que hacía mucho frío, llegué a casa, fuí al comedor y lanzé mis zapatos al aire, y, ¿cómo no? Mi casa estaba echa una mierda.
Por encima de la mesa, aproximadamente unas quince botellas de cerveza casi vacías, pero aún había cerveza dentro de ellas, el cenicero hasta arriba de colillas y chustas y alguna que otra por el suelo, la luz era más pobre que hoy en día el Estado, no alumbraba mucho, pero tampoco estaba apagada, por el cristal del balcón se podía ver aún el cielo, de un azul casi tan oscuro como mis pantalones, o lo que quedaba de ellos. Cansada de todo, me tiré en el sofá y me quedé atontada mirando mi reflejo en la televisión, ya que no tenía iniciativa alguna de encender aquella 'caja tonta' que solo transmitía más y más mentiras, y siempre eran las mismas y provenían de los mismos. Cojí mi viejo bloc de dibujo. Empecé un autorretrato mientras me miraba en un pequeño espejo que había por allí cerca. Me acompañaba el humo de mi querido cigarro, que me nublaba la vista mientras dibujaba y me producía sensación de estar entre las nubes. También me hacía compañía lo que quedaba de alcohol por aquellas botellas, iba bebiéndomelo sin saber el tiempo que llevarían allí, pero bueno, toda compañía era grata. Empecé a dibujar, un rostro pálido, tenía ojeras, los labios cortados, la boca pequeña, los ojos grandes con las pupilas dilatadas, alguna herida y algún moratón, y otros detalles en los que no me gustaría entrar.'

martes, 14 de enero de 2014

¿Y la felicidad?

Y claro, pasa otro día más de este libro en blanco con autor anónimo.

La felicidad, querida utopía.
Aparentemente es fácil que parezca que eres feliz, pero realmente no conocemos a nadie que sea feliz, es un sentimiento inexistente.
En estos momentos estoy en un límite, entre dos cosas y entre nada. Soy neutro. Sí, lo sé, sé que no entendereís lo que quiero decir, ni sabéis el porque lo digo, y es que ni siquiera sabéis por que simple razón lo estáis leyendo.