Verano de 1987.
Miércoles 16.
Estaba yo acostada en el sofá, y he visto una luz entrar por la ventana, me he asomado y bueno, es la Luna, como siempre, borracha y callejera.
La Luna me la ha recordado, ¿será que la Luna recuerda a quién te hizo feliz en algún momento? ¿o yo me estoy volviendo paranoica?
Quería escribirle una carta, pero mala suerte la mía de tener sólo boli y no papel.
Aunque también por aquí cerca tenía un libro que me estaba leyendo.
Inspiré y le arranqué una hoja que había en blanco en el libro. Me dolió como si me arrancaran el corazón del pecho, pero valía la pena escribirle aquella carta, le escribí, me desahogué y la quemé, no sé porqué nunca se la mandé, estaba ahí todo escrito, todo.
Y recordad que:
Un olvido es para siempre.
Un adiós es hasta nunca.
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