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sábado, 14 de junio de 2014

Poesías nocturnas.

Su sonrisa fue mi escuela,
ella mi fiel compañera,
una grata compañía que a mis ojos desteñía su color marrón verdoso,
que por ella fui lo que era,
que por ella sigo en vereda,
oh, dulce doncella, ¿por dónde se va a la mancha?
No quisiera alardear de que sé un mundo entero, pues recorro las esquinas de su bello cuerpo, peca a peca, pelo a pelo, le daría el cielo, si me diera sexo.