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viernes, 28 de marzo de 2014

La esquizofrénica mariposa negra.

12 de Junio de 1970.

A eso de las ocho de la mañana entraban los rayos de luz por el balcón de la habitación. La noche anterior hacía tanta calor que lo abrí de par en par y me quité completamente toda la ropa.
Al abrir el ojo derecho pude observar una ligera sombra sobre mi hombro. Abrí bien los ojos. La miré. Era una mariposa negra, tan oscura como mis pupilas, pero me transmitía paz. Era frágil y débil. La amaba. Era mi yo interior que vino a por mi. Le puse mi dedo al lado y como si de un robot se tratara se posó en él. Me sentí bien a pesar de la mierda a la que estaba sometida.
Sentía que controlaba su libertad sin abusar de mi libertinaje.
No recuerdo bien que le dije pero salió volando y no la volví a ver.
Solo la veía en mis sueños pero al final se convirtió en una obsesión. La veía por todas partes. Y no sabía distinguir si era real o no. No me dejaba dormir. Era mi mayor temor. Era un monstruo que me perseguía. No sé con que fin, pero lo hacía. Parecía hablarme, pero yo ni me inmutaba, estaba tan cegada con su belleza que ya podía estar matándome que yo no me daba cuenta.
Pero, aún así me hartaba. No me dejaba en paz. Ni un solo segundo. No me dejaba dormir. No me dejaba vivir.
Oh, dulce mariposa, como me conocía.
Sabía que amaba su dolor y odiaba su belleza. Sabía que odiaba su dolor y amaba su belleza. Sabía que yo era ella y que por lo tanto no podría hacer nada ya que, no vale de nada hacer algo a cambio de nada.

martes, 25 de marzo de 2014

Simple.

-¿Dónde has estado todo este tiempo?
-Muriéndome.
-¿Por qué sigues viva?
-Porqué esos jodidos aparatos me salvaron.

Y bueno. Desperté un día diecinueve de marzo, ¿puede ser? No recuerdo bien.
Hacía muchísimo frío. Abrí los ojos y había alguien pinchándome para sacarme sangre. A través de los rayos que podían filtrar por la ventana la vi. Era una mujer de mediana estatura, con gafas, pelo corto y rubio. Parecía simpática, pero, no me dejé engañar a simple vista.
Me sacó dos tubos de sangre y se marchó. Miré el reloj y eran las siete de la mañana. Más adelante, sobre las ocho, volvió a pasar con un termómetro, me tomó, la temperatura y se volvió a ir. Media hora después, a las ocho y media vineron a decirme que me levantara que ahora tomában la tensión.
Me puse una chaqueta y salí hacia fuera.

'Pasaron más cosas que no quiero recordar.'

Realidad en la mentira.

La ilusión de creer algo real basado en mentiras. En cosas inexistentes. En cosas que sólo están en lo más profundo de tu mente.
Ella te hace creer que todo lo que tú piensas existe. Y te engaña. Pero, ¿Qué más da? Tú le haces caso. Es tú razonamiento, y, nadie lo puede controlar. Ni tú mismo. Es otra persona dentro de ti la que te dirige.

También se le llama 'realidad en la mentira' a lo que la gente, con sus razonamientos te hace pensar a ti. Te hace llegar a esa conclusión. La mayoría de la gente son tan sumamente ignorantes que mueven la cabeza hacia arriba y hacia abajo a todo lo que les dicen. Como si vivieran desinteresados. Aunque también es verdad que hay personas que no son ignorantes pero viven desinteresados de su propia vida. No les interesa lo más mínimo. Dan guerra mientras existen pero, en el punto en que se mueren. ¿Qué pasa? Nada. Nada ni nadie los recuerda ni los recordará jamás, y, ¿Sabéis por qué? Porqué tu recuerdo es el de ellos. Si tu no recuerdas como eras antes de toda esta mierda, ¿cómo lo van a recordar semejantes personas ignorantes?

domingo, 23 de marzo de 2014

Mis fantasmas.

'De pequeña siempre he creído que los fantasmas rondaban por mi habitación y me observaban. Me querían matar y tenía miedo.
Que los monstruos guardaban entre armarios y bajo camas. Con sus grandes dientes para hacerme desaparecer.'

Habrán pasado ya algunos años desde que me he dado cuenta que esos fantasmas están en mi cabeza. Me hablan. Y no, no estoy loca, no oigo voces, los oigo a ellos.
Estaréis pensando que los olvide. Que es una paranoia mía, pero, ¿sabéis? Nunca los voy a olvidar. Tengo que aprender a convivir con ellos, por muy malas ideas y muy malos impulsos que me den. Siempre hay un equilibrio de bien y mal en todo, y supongo que en el cerebro también. Son ellos.
Pero mi bien y mi mal no están equilibrados. Están más bien desproporcionados. El noventa y nueve por ciento son mis fantasmas, el uno por cierto el optimismo. ¿Quién ganará las batallas?
Hasta hace poco les tenía miedo esos fantasmas que me observaban y me querían matar. Hoy lo están consiguiendo, opinan de todo lo que hago y me matan lentamente. Nadie lo sabe, es una cosa entre ellos y yo.
¿Los monstruos? Bien. Ya no se amagan bajo las camas, ni entre armarios. Soy yo misma un monstruo. Nadie conoce a los monstruos. Nadie sabe cómo, ni en qué se han convertido. Nadie conoce el porqué. Nadie, nadie. Hay tanto nadie para tantos fantasmas dentro de mi que me siento completamente vacía pero extrañamente completa.

martes, 18 de marzo de 2014

'Homicidio de una suicida'.

No tienes ni idea de qué pasó.
No me quise suicidar. No era yo.
Eran ella y su marido, no paraban de hablarme y decirme que lo hiciera.
Me dio un papel, me dijo que lo firmara con mi sangre, y me prometió que me llevaría por buen camino, uno de los mejores. El paraíso especial, lo llamaba.
Lo que no supe era qué documento estaba firmando en ese momento.
Pacté con la muerte y el suicidio.
Las dos cosas por igual.
Fue el homicidio de una suicida.
El crimen perfecto.
Puso la cuerda sobre los tabiques de ese viejo techo.
Me puse de rodillas.
Soplé la única vela que había en esa granja de colorado.
Me levanté.
Me despedí de ellos y me suicidé matándome.
  
    Ella era un cadáver descompuesto, de ojos cerrados, solía colgar de un árbol, el más viejo que encontrara.

    Ella era Ixtab, diosa del suicidio. ''La de la cuerda''.

   Él era un esqueleto gigante, con vestiduras blancas, era portador de una guadaña con hoja de hueso.

   Él era Chamer, dios de la muerte.

Mientras yo chillaba como una idiota, ellos dos se pusieron a follar. Jodidos desalmados.
Los odié.
Pero solamente un minuto.

viernes, 14 de marzo de 2014

Vámonos ya, los muertos nos esperan.

Aquél 3 de julio del 84, nos levantamos sobresaltados de aquella fría cama a causa de la llamada, a eso de las 4 de la mañana. Nos dirigimos a aquélla fábrica abandonada ya que provenía de allí.
Fuimos, y ¿qué había allí?
Nada. Absolutamente nada. Empezamos a pegar vueltas y más de lo mismo, me giré y observé en la pared algo que me impactó, lo llamé y le dije: ''Vámonos ya, los muertos nos esperan.''

domingo, 9 de marzo de 2014

Desembocando en locura y odio.

El odio. Es un sentimiento.
Un sentimiento que en muchos casos nos lleva a la muerte, nuestra muerte, nadie la decide, solo nosotros.
El cúmulo de días, meses, hasta años odiandose a si mismas las personas te hace un descerebrado poco a poco.
El odio es como el cáncer, por así decirlo. Empieza por una manchita pequeña, hasta que ya no lo puedes controlar, y bum. Se te ha ido de las manos y ocupas la mayor parte de tu tiempo odiándote. Así sin más. Sin explicación alguna. Nosotros somos nuestros peores enemigos.
El odio conlleva muchas veces a la locura. Y cuándo digo locura no me refiero a la de cuándo alguien salta de un primer balcón y le dicen, '¡Ala, que loco!' Sinó a la locura del subconsciente. Esa que no controlas. Esa que te controla a ti.
Te vas volviendo cada vez más loco. Pero claro, que os voy a contar a vosotros, pensaréis que estoy loca, o que mi único sentimiento es el odio, tal vez os engañéis, pero lo más probable es que acertéis.

'El insomnio es lo más jodido que puede haber.'

martes, 4 de marzo de 2014

{Parte 1.}

Un invierno del setenta y dos. Puta suerte la mía de haber nacido. Tenía unos dieciocho años ya. Inconsciente de que era mi vida, pero suficientemente consciente como para subsistir yo sola, o intentarlo.
Aquella tarde, creo que fue un trece de enero me estaba duchando. No hacía ya bastante frío que decidí poner el agua congelada. Supongo que fue para que me llegara mejor la sangre al cerébro, ya que no tenía n idea de que hacía allí.
¿Sabéis dónde era allí?
Empecemos por el principio,
Desperté el veinticuatro de diciembre, abrí los ojos, los giré a la izquierda, luego a la derecha, no podía ver nada, ya que no había luz, excepto un rayo que filtraba por debajo de la puerta, me levanté de aquella cama que estaba destrozada, empecé a pegar vueltas por aquella 'habitación', estaba nerviosa. Fui hacía la puerta, la abrí, y, había un pasillo. Salí de la habitación y corrí hacia la derecha. Y nada. Luego hacia la izquierda y, una simple ventana de un tamaño considerable por la que se podía saltar. Volví caminando hacia la otra parte para ver si me saltaba algo, y se me escapó una pequeña cosa, una puerta que había enfrente de la habitación que era del mismo color de la pared. ¿A quién iban a engañar? Tarde o temprano lo vería. Baje los trescientos ocho escalones. Seguí todo recto y salí a toda ostia de allí. Menosmal, llevaba cien euros en el sujetador.
Por allí cerca pude divisar un casino en el que sin dudarlo me metí. No tenía nada, ni casa, ni ropa, ni estaba en mi ciudad, así que me jugué los cien euros. Os preguntaréis que cómo lo hice para vestirme elegante y poder entrar. Pues veréis, entré en una tienda de disfraces y alquilé un vestido de etiqueta. Me costó unos 27 euros. Los cabrones no se cortaban ni un pelo. Entré en el casino con pinta de millonaria y con mis setenta y tres euros. Ganaba unos cincuenta. Perdía unos cien. Ganaba ciento veinte. Y así. Salí de aquél lugar con unos mil euros. Fui mil eurista. No me preguntéis cómo lo hice, pero con mil euros me dio para una noche y media en una pequeña casa en un pueblucho del norte. [...]