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martes, 18 de marzo de 2014

'Homicidio de una suicida'.

No tienes ni idea de qué pasó.
No me quise suicidar. No era yo.
Eran ella y su marido, no paraban de hablarme y decirme que lo hiciera.
Me dio un papel, me dijo que lo firmara con mi sangre, y me prometió que me llevaría por buen camino, uno de los mejores. El paraíso especial, lo llamaba.
Lo que no supe era qué documento estaba firmando en ese momento.
Pacté con la muerte y el suicidio.
Las dos cosas por igual.
Fue el homicidio de una suicida.
El crimen perfecto.
Puso la cuerda sobre los tabiques de ese viejo techo.
Me puse de rodillas.
Soplé la única vela que había en esa granja de colorado.
Me levanté.
Me despedí de ellos y me suicidé matándome.
  
    Ella era un cadáver descompuesto, de ojos cerrados, solía colgar de un árbol, el más viejo que encontrara.

    Ella era Ixtab, diosa del suicidio. ''La de la cuerda''.

   Él era un esqueleto gigante, con vestiduras blancas, era portador de una guadaña con hoja de hueso.

   Él era Chamer, dios de la muerte.

Mientras yo chillaba como una idiota, ellos dos se pusieron a follar. Jodidos desalmados.
Los odié.
Pero solamente un minuto.

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