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lunes, 14 de abril de 2014

Historias de madrugada.

Recibí una llamada de aquella chica.
Me dijo que fuera hacia el árbol más, grande del pueblo.
Fui todo lo rápido que pude, pero, ya era demasiado tarde. La encontré colgada de aquél árbol con una cuerda bastante fuerte.
No sé que la llevó a hacer eso, y estaba tan asustado que me fui a casa y me dormí para ver si cuando despertara ella seguía a mi lado.

Desperté y pensé, «Era jodidamente adorable, feliz y alocada. Una de las mejores personas que he conocido hasta ahora.»

Remontemos dos años atrás.

17 de octubre de 1989.

Emily era una dulce chica, feliz, sin problemas, se quería mucho, demasiado.
Una noche ella se puso a llorar, recordó todas las cosas que había pasado y se dio cuenta de la mierda que era y en la mierda que vivía. La veían recaída y pálida los meses siguientes, alguien le dijo que tenía mala cara, entonces ella decidió vestirse todas las mañanas con su mejor sonrisa, aunque hablando de vestimenta, se vestía raro al parecer de las personas 'normales'. Con ropa más grande que ella, se odiaba tanto que se hubiese tapado la cara para salir a la calle si hubiera podido. Pasó un año y empeoró muchísimo su estado psíquico, pero a vista de la gente ella transmitía felicidad. Ni la mejor psiquiatra que la visitó sabía el motivo de su demencia. Le recetaban pastillas, pero, no hacían ningún efecto sobre ella. Llevaba la mayor parte de sus días pensando en su muerte.
Pasaron un año y once meses.
El último día del mes once ella llenó la bañera, antes de entrar se miró al espejo, le pegó tal puñalada al espejo que no paraba de sangrarle la mano. Cogió una cuchilla y quiso suicidarse en la bañera, pero no tuvo huevos para hacerlo, el día número quince del mes número doce, lo llamó a él. Le dijo que fuera a el árbol más grande que había en su pueblo. Él fue y se la encontró muerta.