Tenía ojos grandes, como platos y una boca relativamente pequeña.
Emprendía un vuelo rapaz cada catorce días de cada año. Un día se le olvidó aquél vuelo rapaz y a los quince días del año siguiente murió. Sí, murió.
En realidad no se trataba de un búho. Era la más sabia persona que había conocido jamás. Pero a la vez, la más trastornada. ¿Por qué los sabios están locos? Tal vez su visión de la vida es diferente a la nuestra y juzgamos. O tal vez nos aterre lo que dice porque en realidad sabemos que es cierto.
“Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado. Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple.” ― Charles Bukowski.
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miércoles, 30 de abril de 2014
Aquél búho gris.
viernes, 25 de abril de 2014
Es tan él, que bueno, ¿para qué estar yo?
¿Amor? No, más bien locura.
¿Sabéis? Nunca he hablado de amor, ya que nunca he creído esa leyenda de patanes. Ese invento de las personas débiles ante otra persona que es su 'media naranja'.
Nunca he notado la presencia de amor, ya que nunca he querido admitir mis sentimientos.
Así que en este texto llamemos al amor X. Es gracioso, porque él me enseñó a denominar algo que no debía saber o no lo sabía ni él como X.
Os voy a hacer una descripción suya.
Mide un metro setenta aproximadamente, tiene medio melena ni lisa ni ondulada, de un color negro. Tiene los ojos azules claros, y una mirada penetrante.
No pierde el tiempo en creer en un Dios, desde mi punto de vista es muy inteligente, le gusta la lectura, dibuja bastante bien y lo mismo al escribir. Suele odiar a la gente y no confía a penas.
Oye, si lo estás leyendo que sepas que no tengo ni puta idea de que nos está pasando, ¿vale?
Y bueno, él tampoco creía en el amor, bueno, no exactamente, él lo que no quería era que otra persona que estuviera junto a él sufriera por lo que le pudiera pasar.
Cuando lo conocí me acojoné un poco, ya que parecía que lo supiera todo de mi, que me leyera el pensamiento, y seguramente también sepa como me siento, un poco como la mierda.
No entiendo por qué pero hace ya tres meses que no me habla. No recuerdo haberle hecho ni dicho nada de lo que me deba arrepentir para que me perdone. Aunque a lo mejor le molestaba mi presencia.
Es que es tan él, que bueno, ¿para que estar yo?
Novela.
Hey. Estoy escribiendo una novela. Si a alguien le interesa, entrad aquí.
Gracias y espero que sea de vuestro agrado.
domingo, 20 de abril de 2014
¿Jugamos?
Estaba hoy sentada bajo la sombra de un roble, allá en la montaña, obsevando mi alrededor, cuando de repente me he quedado mirando una montaña que tenía a unos ochenta metros delante de mi y he empezado a cuestionarme la vida.
Mirad, la vida es un juego.
A ti y a mi nos ha tocado la peor baraja, y para el colmo no tenemos ni puta idea de como mover ficha, no sabemos las reglas de este juego, no tenemos nada que apostar y mucho menos algo que perder.
Ellos tienen todos los ases, empiezan moviendo los reyes, nos dictan sus leyes y les molesta tener que apostar si ya saben que lo van a recuperar.
Bueno, sigamos con el juego.
Te despiertas una mañana sobresaltado de tu cama. Sudando la gota gorda, quejándote sin a penas haber movido un pie, te pones tu mejor gala, tus mejores zapatos, todo lo que no quieres perder, pero sabes que lo único que vas a perder es tu vida. Se va consumiendo. Eres hierro. Ese hierro expuesto en la baranda de unas escaleras descubiertas, el hierro que aguanta la lluvias, los granizos, las nieblas, los vendavales, eres el que lo aguanta todo, pero, ¿para qué? Si el final siempre llega. Solo las personas inteligentes deciden que ha llegado su hora de morir, los demás viven en la miseria hasta que el 'destino' les prepara un hueco en algún nicho.
Elegid el día trece, a mi me gusta.
Recordad el día.
Deseo que un día trece venga alguien y me invite a jugar al póker streep. Ese que a medida que pierdes te quitas la ropa, y como ya os he dicho ninguno de nosotros somos unos entendidos de este juego.
Yo deseo que perdamos, porque en mi deseo se pierden tus ganas, y con tus ganas y mi deseo no podremos seguir vivos, al menos en este sitio, porque en el subconsciente se vive como un jodido dios.
Ayer subí a un ascensor. Se paró en seco y creamos un full, éramos dos reinas y tres jotas.
¿Jugamos?
lunes, 14 de abril de 2014
Historias de madrugada.
Recibí una llamada de aquella chica.
Me dijo que fuera hacia el árbol más, grande del pueblo.
Fui todo lo rápido que pude, pero, ya era demasiado tarde. La encontré colgada de aquél árbol con una cuerda bastante fuerte.
No sé que la llevó a hacer eso, y estaba tan asustado que me fui a casa y me dormí para ver si cuando despertara ella seguía a mi lado.
Desperté y pensé, «Era jodidamente adorable, feliz y alocada. Una de las mejores personas que he conocido hasta ahora.»
Remontemos dos años atrás.
17 de octubre de 1989.
Emily era una dulce chica, feliz, sin problemas, se quería mucho, demasiado.
Una noche ella se puso a llorar, recordó todas las cosas que había pasado y se dio cuenta de la mierda que era y en la mierda que vivía. La veían recaída y pálida los meses siguientes, alguien le dijo que tenía mala cara, entonces ella decidió vestirse todas las mañanas con su mejor sonrisa, aunque hablando de vestimenta, se vestía raro al parecer de las personas 'normales'. Con ropa más grande que ella, se odiaba tanto que se hubiese tapado la cara para salir a la calle si hubiera podido. Pasó un año y empeoró muchísimo su estado psíquico, pero a vista de la gente ella transmitía felicidad. Ni la mejor psiquiatra que la visitó sabía el motivo de su demencia. Le recetaban pastillas, pero, no hacían ningún efecto sobre ella. Llevaba la mayor parte de sus días pensando en su muerte.
Pasaron un año y once meses.
El último día del mes once ella llenó la bañera, antes de entrar se miró al espejo, le pegó tal puñalada al espejo que no paraba de sangrarle la mano. Cogió una cuchilla y quiso suicidarse en la bañera, pero no tuvo huevos para hacerlo, el día número quince del mes número doce, lo llamó a él. Le dijo que fuera a el árbol más grande que había en su pueblo. Él fue y se la encontró muerta.
martes, 8 de abril de 2014
El libro.
Era un libro.
Tenía un color marrón pero con tonos grisáceos, un tocar agradable, estaba algo estropeado pero era leíble.
Pasaba mis dedos sobre sus hojas y podía sentir algo extraño, como si de un orgasmo se tratase. Era tan placentero su tacto que dormía con él para sentirme acompañada. Tenía una peculiar manía que era la de oler la página por la que me había quedado antes de cerrarlo. Era una manía bastante bonita, por calificarlo de algún modo. Huelen igual pero son diferentes, cada página cuenta un olor. Y cada olor es diferente pero igual que el anterior. No pretendáis entenderme, yo sé que me digo.
Leer por las noches hasta que mis párpados no resistieran y domir con el libro sobre mi pecho. Solía soñar en como continuaría la historia, pero nunca acertaba con la siguiente página.
Cuando leía odiaba que me molestaran era como si me mataran en el mundo en el que estaba para aparecer en otro peor, la realidad.
Odiaba la realidad, era un infierno demasiado duro.
domingo, 6 de abril de 2014
Perdí mi mirada.
Después de una hora de lectura
estaba hoy balanceándome en los columpios de un pequeño parque, con la mirada perdida entre unos árboles que habían enfrente de mi. Veía el viento pasar al igual que el tiempo, oía de fondo chillidos de niños inocentes, como también oía el chirrido de las cadenas del objeto en el que me encontraba y por otra parte el sonido de mis botas al golpear el suelo.
Miraba a la nada, pero lo miraba todo. Perdí mis ojos en la Luna y con ellos la esperanza de volverlos a encontrar. Ella es como yo. Es fràgil, con pensamientos descabellados que lo único que quiere es enviar a la mierda la fuerza de gravedad que la sostiene y así caer al suelo y romperse en nueve mil pedacitos blancos y grisáceos.
Quise expresar tantas cosas con mi mirada que me quedé absolutamente atontada.
Quería saber que me iba a deparar el futuro. Más que sea imaginármelo, pero nada,
¿Será eso que no tengo ningún futuro?