¿Un objeto? Ese reloj. Roto. Viejo. Oxidado. Ruidoso. Con el Tic Tac paralizado a merced del aire suave que corría por la ventana de la cocina. No era un reloj de pared. Ni mucho menos de muñeca. Ni siquiera iba a pilas. No entiendo cómo, pero aún funcionaba. Era diminuto, como un tapón de corcho, con la cadena forjada de oro y la plata estaba fundida. Nunca cambié aquel reloj por nada del mundo. Él era el que señalaba que cada día quedaba menos para mi fin, y junto a mi, el suyo.
“Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado. Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple.” ― Charles Bukowski.
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sábado, 25 de enero de 2014
El asesino de la cara sonriente :)
Informe criminal.
Esa chica. Sí, la reconozco, aquella rubia despampanante. De un rubio blanquecino, que solo se hacía negro al apagar las luces de la última calle de esta ciudad. Dulce rubia.
Aquella misma tarde me llamaron por teléfono, hablándome de algo más que un simple asesinato que tratara cualquier jueves a las cuatro de la tarde mientras me bebía mi nespresso frío, a merced de aquella estufa que iba a pilas, que me regaló mi madre del chino de la esquina para que no me resfriara mientras trabajaba, muy maja ella. Bueno, me llamó William, con un tono de voz un poco cerrado, el cual se notaba que estaba acatarrado, medio afónico diría yo, lo podía hasta visualizar en su despacho, con apenas la luz de la lámpara aquella que llevaba allí más tiempo que él, pobre señor William toda su vida trabajando, pero lo bueno es que le encantaba su trabajo. Me dijo algo así como,
Inspectora, sobre las 6 de esta mañana, cuándo yo había colgado mi abrigo en la percha, ha sonado el teléfono, lo he cogido y me ha hablado un loco.
¿Un loco? No diga tonterías, ¿cómo sabe usted que era un loco?
Porqué él, él me lo dijo.
¿Le dijo que era un loco?
Bueno, no exactamente. Verá descolgué el aparato que no dejaba de sonar, y me habló un hombre, le pregunté su nombre y solo se dignó a burlarse de mi. Me dijo 'voy por delante de vosotros y mi cara es sonriente, la población disminuye y vosotros, par de holgazanes no podréis hacer nada, porqué sonrío.'
Yo estaba muy extrañada no sabía de que hablaba. No había llegado ningún asesinato reciente, y el último se cerró justo ayer, con dos asesinos que incluso confesaron que fueron ellos.
Dos días más tarde de aquél suceso, en un bar de carretera de los alrrededores en una puerta encontraron escrito con un permanente desgastado. 'Yo maté a Claire, habéis encerrado a dos inocentes' Claro. No supimos que hacer, ya que toda la población estaba al corriente del caso y podría haber sido cualquiera con tal de estorbar.
Aquella misma tarde llegó una pequeña carta a comisaría que decía.
Tenéis que saber que yo la maté, maté a aquella rubia, y también tenéis que saber que no me rindo fácilmente. :)
<<Siempre ponía aquella carita sonriente, era insoportable todo.>>
[...]