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viernes, 31 de enero de 2014

Algo eterno.

Anhelo. Ambiguo. Ansío volver a mirar el cielo y que todo sea lúgubre. Pues parece que lo único tétrico que se pueda hallar es mi cerebro. Mi triste cerebro colmado de los mismos pensamientos. Día y noche. Pero la cosa empeora cuando despierto cada mañana, ya de madrugada me doy cuenta en que clase de mundo vivimos. Un desastre, ¿verdad?
En mi casa ya no hay luz. Claro está que con lo que hago no me llega casi ni para agua. Por esto, me encuentro bajo la cálida luz, por así decirlo, de las velas. Esas velas que al prenderlas no huelen especialmente bien. Y al apagarlas no dejan el dulce aroma de cualquier fruta tropical. Sinó las velas. De toda la vida. Empuñando con tinta sobre un papel arrugado y sucio lo que verdaderamente siento. Y bueno, como podréis imaginar el papel sigue arrugado y sucio. Me frustro al pensar que quiero lo que no tengo. Que quiero lo que no necesito. Más. Más. Y más. Pero ojo, al igual que yo todos vosotros, ese nosotros tan odioso. Y como siempre.

Decidió drogarse con el más caro polvo. Hoy se ve hundida. Dígame,

-¿Era más verídico quedarse en casa o meterse esa mierda por la nariz?.

-Nunca se plantee si lo que hago tiene algún fin concreto. Mejor plantéese que 'quizá los pájaros quieran tener piernas.'  

Nosotros.

Nosotros.
¿Os planteáis la mierda que hay detrás de esa palabra? ¿Cómo que que mierda? Sois odiosos. Bueno, me incluyo. Somos. Nosotros. Odiosos y falsos, víctimas y carroñeros, y lo mejor es que nos creemos que vivimos en una tienda de ropa o algo similar a un comercio, y, os preguntaréis, ¿a que viene lo del comercio? Pues viene a que no dejamos de poner etiquetas.
Oye, tú eres...
Blanco.
Negro.
Alto.
Bajo.
Gordo.
Delgado.
Feo.
Guapo.
De ojos claros.
De ojos oscuros.
Puta.
Sensible.
Agresivo.
Borde.
Virgen.
Y un gran etcétera de calificativos más.
Estaréis cansados de oir siempre discursitos de estos. Sí. Lo sé. Pero esque por muchos discursitos que hagáis no lo sentís. No sentís lo que decís. Bueno, en verdad ni yo lo siento. Escribo por que sí y por que me viene bien evadirme de mi, de la gente, escribiendo cosas como estas. Aunque tengan que ver con ellos. Con nosotros. Resulta inútil, pues, este texto iba a desembocar en una historia o algo parecido. Pero no sé. Las cosas cambian y bueno. En estos momentos he entrado en un shook temporal. No recuerdo nada. Lo siento.

domingo, 26 de enero de 2014

Oiga.

'La dejó aturdida, ruda y amarga aquél licor fuerte denominado el 83.
Entonces ella se dirigió a él y le dijo:

-Sería sutil que me acompañara descalzo por la vía. No hay motivo aparente de avergüenzo, señorito Murphi. '

sábado, 25 de enero de 2014

Marcaba

¿Un objeto? Ese reloj. Roto. Viejo. Oxidado. Ruidoso. Con el Tic Tac paralizado a merced del aire suave que corría por la ventana de la cocina. No era un reloj de pared. Ni mucho menos de muñeca. Ni siquiera iba a pilas. No entiendo cómo, pero aún funcionaba. Era diminuto, como un tapón de corcho, con la cadena forjada de oro y la plata estaba fundida. Nunca cambié aquel reloj por nada del mundo. Él era el que señalaba que cada día quedaba menos para mi fin, y junto a mi, el suyo.

El asesino de la cara sonriente :)

Informe criminal.

Esa chica. Sí, la reconozco, aquella rubia despampanante. De un rubio blanquecino, que solo se hacía negro al apagar las luces de la última calle de esta ciudad. Dulce rubia.

Aquella misma tarde me llamaron por teléfono, hablándome de algo más que un simple asesinato que tratara cualquier jueves a las cuatro de la tarde mientras me bebía mi nespresso frío, a merced de aquella estufa que iba a pilas, que me regaló mi madre del chino de la esquina para que no me resfriara mientras trabajaba, muy maja ella. Bueno, me llamó William, con un tono de voz un poco cerrado, el cual se notaba que estaba acatarrado, medio afónico diría yo, lo podía hasta visualizar en su despacho, con apenas la luz de la lámpara aquella que llevaba allí más tiempo que él, pobre señor William toda su vida trabajando, pero lo bueno es que le encantaba su trabajo. Me dijo algo así como,

Inspectora, sobre las 6 de esta mañana, cuándo yo había colgado mi abrigo en la percha, ha sonado el teléfono, lo he cogido y me ha hablado un loco.
¿Un loco? No diga tonterías, ¿cómo sabe usted que era un loco?
Porqué él, él me lo dijo.
¿Le dijo que era un loco?
Bueno, no exactamente. Verá descolgué el aparato que no dejaba de sonar, y me habló un hombre, le pregunté su nombre y solo se dignó a burlarse de mi. Me dijo 'voy por delante de vosotros y mi cara es sonriente, la población disminuye y vosotros, par de holgazanes no podréis hacer nada, porqué sonrío.'

Yo estaba muy extrañada no sabía de que hablaba. No había llegado ningún asesinato reciente, y el último se cerró justo ayer, con dos asesinos que incluso confesaron que fueron ellos.
Dos días más tarde de aquél suceso, en un bar de carretera de los alrrededores en una puerta encontraron escrito con un permanente desgastado. 'Yo maté a Claire, habéis encerrado a dos inocentes' Claro. No supimos que hacer, ya que toda la población estaba al corriente del caso y podría haber sido cualquiera con  tal de estorbar.

Aquella misma tarde llegó una pequeña carta a comisaría que decía.
Tenéis que saber que yo la maté, maté a aquella rubia, y también tenéis que saber que no me rindo fácilmente. :)

<<Siempre ponía aquella carita sonriente, era insoportable todo.>>

[...]

viernes, 24 de enero de 2014

Historia de medianoche.

Un día 5 o 6, no lo recuerdo. Me levanté exausto de un sobresalto de aquel colchón tan incómodo, estaba sudando, en pleno invierno, sudaba, sudaba barbaridades, el corazón me iba demasiado rápido, los ojos se me salían, hiperventilaba, con una mano estaba apollado sobre la cama, mientras me destapababa con la otra. Salté de la cama, no me puse ni zapatos ni nada. Fui a aquel váter completamente sucio, el suelo del váter era como el suelo que hay en las cocheras, gris, y lleno de mierda, aquello era como un meadero en pleno bar de carretera, y yo encima iba descalzo, pisé charcos y no me preguntéis de que eran, porqué no tengo ni idea. Hay una ventanita que apenas tiene 40 centímetros, apenas cabe un pie. Por el suelo hay cuchillas, sangre, papel, bastoncillos de las orejas, cucarachas, tornillos...cualquier cosa te podías encontrar allí. Me lavé la cara, y volví a la habitación, tenía los calcetines mojados y que daban pena, pero tenía tanto sueño que simplemente me los quité y los tiré por ahí. Me dormí y seguí soñando que estaba con mis putas, en mi yate del caribe, con todos esos kilos y kilos de droga, y botellas del alcohol más puro que encontré por la licorería de la esquina.

Aquella noche me metí demasiada droga como para saber quién era, dónde estaba o cuándo nací.

viernes, 17 de enero de 2014

Aquél árbol.

Últimamente tengo muchas pesadillas, y siempre me despierto asustada, pensando si todo ha sido verdad o un simple mal sueño.

Tratan de muerte. Sufrimiento. Y no tengo ni idea de porqué. Será toda la mierda que llevo dentro.
La mayoría de veces me descuartizan o me arrancan la piel o cosas de esas. Y aparece una bañera llena de sangre.
también un árbol, sin hojas, una cantidad inimaginable de ramas enmedio de la nada, pero en realidad esa 'nada' es la niebla de la noche que recae sobre aquel árbol, y que al estar todo en un tono niebloso cuesta diferenciar el fondo de la imagen y lo que puede haber detrás. Todo esto lo digo por el árbol. Es lo que realmente me llama la atención, en cada pesadilla aparece, cada vez me acerco más, en uno de mis primeros sueños veía aquél árbol desde una pequeña ventana de la casa en la que me tenían secuestrada personas que no existían. Todas las noches, antes de dormir, giraba sutilmente mi cabeza y observaba ese árbol, ese árbol muerto que me daba la vida. En otro de mis sueños conseguí salir de allí, no recuerdo con certeza cómo lo hice, pero lo hice, puesto a que en aquella casa ya no había nadie. Resulta que me tenían ahí encerrada y atada desde hace cinco años, y lo peor es, que mis supuestos 'secuestradores' no existían. Nunca los oí, ni los vi, ni siquiera intentaron hacerme daño. Nada, nada de nada. Nadie me hacía nada, porque no había por allí ni una rata muerta. Estaba yo sola, encerrada. Por fin salí de ahí, suelo recordar que hacía muchísimo más frío ahí dentro que en la  'calle'. Ciertamente no sabía donde estaba, lo único que sabía es que aquél árbol tenía algo, no era mágico, ni estaba vivo, es más, estaba más muerto que aquellas viejas casas que se derrumbaban sobre el río. Recuerdo que cada día daba un paso hacia alante y miraba a mi alrededor. Así cada día. Pero lo más extraño es que cuando pegaba un paso y miraba a mi al rededor cada día habían cosas diferentes, cuándo todo debería ser igual, pero no, a los 10 centímetros cambiaba el paisaje. No sé, ni quiero saber el porqué de aquello. Lo único que sé es que casi estaba ya en el árbol, pero ayer retrocedí un paso, me agaché y recogí un pequeño reloj plateado, con el cristal roto, que estaba medio enterrado entre la nieve de aquel frío suelo, me guardé el reloj y ahí me quedé. Esta noche no sé que me pasará, pero cuando llegue a el árbol puede ser que me devuelva la vida o algo parecido.

miércoles, 15 de enero de 2014

Dulce Coraline.

Me dijo que visualizara la escena mientras me lo contaba, era algo así como.

'Viernes por la tarde. Fue a eso de las ocho. En pleno invierno. Recuerdo que hacía mucho frío, llegué a casa, fuí al comedor y lanzé mis zapatos al aire, y, ¿cómo no? Mi casa estaba echa una mierda.
Por encima de la mesa, aproximadamente unas quince botellas de cerveza casi vacías, pero aún había cerveza dentro de ellas, el cenicero hasta arriba de colillas y chustas y alguna que otra por el suelo, la luz era más pobre que hoy en día el Estado, no alumbraba mucho, pero tampoco estaba apagada, por el cristal del balcón se podía ver aún el cielo, de un azul casi tan oscuro como mis pantalones, o lo que quedaba de ellos. Cansada de todo, me tiré en el sofá y me quedé atontada mirando mi reflejo en la televisión, ya que no tenía iniciativa alguna de encender aquella 'caja tonta' que solo transmitía más y más mentiras, y siempre eran las mismas y provenían de los mismos. Cojí mi viejo bloc de dibujo. Empecé un autorretrato mientras me miraba en un pequeño espejo que había por allí cerca. Me acompañaba el humo de mi querido cigarro, que me nublaba la vista mientras dibujaba y me producía sensación de estar entre las nubes. También me hacía compañía lo que quedaba de alcohol por aquellas botellas, iba bebiéndomelo sin saber el tiempo que llevarían allí, pero bueno, toda compañía era grata. Empecé a dibujar, un rostro pálido, tenía ojeras, los labios cortados, la boca pequeña, los ojos grandes con las pupilas dilatadas, alguna herida y algún moratón, y otros detalles en los que no me gustaría entrar.'

martes, 14 de enero de 2014

¿Y la felicidad?

Y claro, pasa otro día más de este libro en blanco con autor anónimo.

La felicidad, querida utopía.
Aparentemente es fácil que parezca que eres feliz, pero realmente no conocemos a nadie que sea feliz, es un sentimiento inexistente.
En estos momentos estoy en un límite, entre dos cosas y entre nada. Soy neutro. Sí, lo sé, sé que no entendereís lo que quiero decir, ni sabéis el porque lo digo, y es que ni siquiera sabéis por que simple razón lo estáis leyendo.