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viernes, 17 de enero de 2014

Aquél árbol.

Últimamente tengo muchas pesadillas, y siempre me despierto asustada, pensando si todo ha sido verdad o un simple mal sueño.

Tratan de muerte. Sufrimiento. Y no tengo ni idea de porqué. Será toda la mierda que llevo dentro.
La mayoría de veces me descuartizan o me arrancan la piel o cosas de esas. Y aparece una bañera llena de sangre.
también un árbol, sin hojas, una cantidad inimaginable de ramas enmedio de la nada, pero en realidad esa 'nada' es la niebla de la noche que recae sobre aquel árbol, y que al estar todo en un tono niebloso cuesta diferenciar el fondo de la imagen y lo que puede haber detrás. Todo esto lo digo por el árbol. Es lo que realmente me llama la atención, en cada pesadilla aparece, cada vez me acerco más, en uno de mis primeros sueños veía aquél árbol desde una pequeña ventana de la casa en la que me tenían secuestrada personas que no existían. Todas las noches, antes de dormir, giraba sutilmente mi cabeza y observaba ese árbol, ese árbol muerto que me daba la vida. En otro de mis sueños conseguí salir de allí, no recuerdo con certeza cómo lo hice, pero lo hice, puesto a que en aquella casa ya no había nadie. Resulta que me tenían ahí encerrada y atada desde hace cinco años, y lo peor es, que mis supuestos 'secuestradores' no existían. Nunca los oí, ni los vi, ni siquiera intentaron hacerme daño. Nada, nada de nada. Nadie me hacía nada, porque no había por allí ni una rata muerta. Estaba yo sola, encerrada. Por fin salí de ahí, suelo recordar que hacía muchísimo más frío ahí dentro que en la  'calle'. Ciertamente no sabía donde estaba, lo único que sabía es que aquél árbol tenía algo, no era mágico, ni estaba vivo, es más, estaba más muerto que aquellas viejas casas que se derrumbaban sobre el río. Recuerdo que cada día daba un paso hacia alante y miraba a mi alrededor. Así cada día. Pero lo más extraño es que cuando pegaba un paso y miraba a mi al rededor cada día habían cosas diferentes, cuándo todo debería ser igual, pero no, a los 10 centímetros cambiaba el paisaje. No sé, ni quiero saber el porqué de aquello. Lo único que sé es que casi estaba ya en el árbol, pero ayer retrocedí un paso, me agaché y recogí un pequeño reloj plateado, con el cristal roto, que estaba medio enterrado entre la nieve de aquel frío suelo, me guardé el reloj y ahí me quedé. Esta noche no sé que me pasará, pero cuando llegue a el árbol puede ser que me devuelva la vida o algo parecido.

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