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miércoles, 30 de abril de 2014

Aquél búho gris.

Tenía ojos grandes, como platos y una boca relativamente pequeña.
Emprendía un vuelo rapaz cada catorce días de cada año. Un día se le olvidó aquél vuelo rapaz y a los quince días del año siguiente murió. Sí, murió.
En realidad no se trataba de un búho. Era la más sabia persona que había conocido jamás. Pero a la vez, la más trastornada. ¿Por qué los sabios están locos? Tal vez su visión de la vida es diferente a la nuestra y juzgamos. O tal vez nos aterre lo que dice porque en realidad sabemos que es cierto.