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sábado, 12 de julio de 2014

Son solo hojas.

        Verano de 1987.

           Miércoles 16.

Estaba yo acostada en el sofá, y he visto una luz entrar por la ventana, me he asomado y bueno, es la Luna, como siempre, borracha y callejera.
La Luna me la ha recordado, ¿será que la Luna recuerda a quién te hizo feliz en algún momento? ¿o yo me estoy volviendo paranoica?

Quería escribirle una carta, pero mala suerte la mía de tener sólo boli y no papel.

Aunque también por aquí cerca tenía un libro que me estaba leyendo.

Inspiré y le arranqué una hoja que había en blanco en el libro. Me dolió como si me arrancaran el corazón del pecho, pero valía la pena escribirle aquella carta, le escribí, me desahogué y la quemé, no sé porqué nunca se la mandé, estaba ahí todo escrito, todo.

Y recordad que:

Un olvido es para siempre.

Un adiós es hasta nunca.

domingo, 6 de julio de 2014

Entre ventana y luna.

Entré en la habitación, me puse el pijama, sí, ese pijama tan feo que llevamos por casa, joder.
Después decambiarme abrí tanto la persiana que casi se engancha arriba, y abrí tanto la ventana que por ahí cabía hasta un avión, imagínate.
Fui a apagar la luz, puesto a que esta noche no me apetecían visitas de mosquitos, y antes de salir de ahí, no sé ni como ni por qué, la vi.
Vi a una chica que vivía enfrente, en su habitación, acostada, con una lamparita y leyendo. Me recordó muchísimo a mi.
Desde aquél día miro siempre por la ventana, solo para ver si me encuentro una vez más o esta era la última.