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viernes, 26 de septiembre de 2014

La vi.

Vi sus curvas a trasluz del sol del horizonte, su piel se erizaba y sus cabellos ondeaban contra el viento del poniente.
Me llevó a Ítaca, me enseñó sus tierras.

113.

Una mariposa, azul creo que era, la atrapé en un frasco de cristal que había en mi habitación, la miré, le hablé, pero nada, ninguna respuesta, la vi tan nerviosa que decidí soltarla.
Salió por mi ventana, apresurada, como si el Tiempo le faltara.
El Tiempo vale oro. - pensé.
Efectivamente el Tiempo costaba la vida, costaba un riñón por así decirlo.
Vivir poco ya era mucho. Vivir mucho ya se esfumó de las mentes.
Ahora pensaréis: joder, esta tía siempre hablando de muertes y cosas frías, pero en verdad no es solo eso, ¿sabéis? hay más detrás de todo, o eso fue lo que aprendí mirando a la mariposa azul posada sobre una rosa negra, era mi rosa negra, la que siempre estaba presente en mi cama, en mi libro, en mi almohada...
Abrí uno de los mejores libros que tengo por la página 113, por eso de las supersticiones y tal, ya sabéis, el 13, ¡oh! el 13, número temido, número de mala suerte, pues veréis, la mala suerte mirada al revés es la mejor suerte que hay aquí, en la Tierra, en el mundo, abrí el libro, retiré la rosa negra olí las páginas del libro y dejé la rosa en el suelo.
!Dulce aroma el de los libros!
¿Por qué no hacer una colonia con este olor?