Era un hombre peculiar, su voz, sus palabras te relajaban, sin embargo su silencio te retorcía por dentro. Recuerdo yo, una tarde de otoño, en una aula pequeña. Estaba ya atardeciendo, anocheciendo, oscureciendo, los rayos de luz filtraban por las ventanas, que a su vez reflejaban en las teclas del piano. Estuvo cuestión de media hora callado, escuchándome tocar "Fantasia impromptu" sin ninguna pausa, sin ninguna corrección, no habló, parecía que a penas respirara, era la primera vez que me sentía presionada pero relajada tocando una pieza de tal dificultad como esta, acabé de tocar y él se quedó perpetuo mirándome las espaldas, sí, yo lo podía observar por un espejo que ocupaba toda la pared delantera de la habitación. De pronto, una brisa entró por la ventana, suave pero apuñaladora, la cual hizo que mis cabellos se despeinaran, él seguía mirándome sin habla, entonces yo reparé en tocar "Corpse bride" en una escala triste, de tonalidad menor, él cogió una silla, la acercó hacia mi derecha y se puso a tocar junto a mi en una escala alegre y una tonalidad mayor, ahí fue cuando entendí lo que era la soledad observada desde dentro y la plenitud y satisfacción desde fuera.