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viernes, 14 de marzo de 2014

Vámonos ya, los muertos nos esperan.

Aquél 3 de julio del 84, nos levantamos sobresaltados de aquella fría cama a causa de la llamada, a eso de las 4 de la mañana. Nos dirigimos a aquélla fábrica abandonada ya que provenía de allí.
Fuimos, y ¿qué había allí?
Nada. Absolutamente nada. Empezamos a pegar vueltas y más de lo mismo, me giré y observé en la pared algo que me impactó, lo llamé y le dije: ''Vámonos ya, los muertos nos esperan.''