Abrí la ventana de mi habitación, escuché, escuché la noche tararear su sonido, su sonido bello y embelesado,
Me atrapaba como sirenas en la Ilíada, me paré, me paré a pensarlo, tan sólo un instante, sólo uno... Miré el cielo, escuché el silencio, la calma de la noche, vi mil estrellas y una constelación, solamente una, el carro de la Osa menor, continué, continué observando todo, y aparecían más y más estrellas... No supe cómo describir la diferencia de la Luna hacia el Sol, la noche es bonita, es bella y una gran doncella, el Sol es un señor que habita bajo expectativas monótonas, pero ella era la clave, con un manto obscuro se tapiaba su voz, ¿por qué? No se deseaba daño alguno, y habían quienes temían la noche temblorosos; no se tiene el por qué temerla, es silencio puro, es enigma, simplemente alberga la tranquilidad que no nos da nadie más.
Por la noche la vida es distinta, paso los días cabizbaja y las noches en vigilia para acompañar a la Luna, preciosa y precisa.
He descubierto hoy donde quiero vivir y habitar y quiero que ella me arrope todos los días...
Su elocuez eficacia ante sus pequeños centros y puntos de atención.
Esa es la noche para mí, noche que no despierta, noche que trasciende bajo un mar abierto que redescubre el tiempo, tiempo de mí, de encuentro, de reflexión, hay mil motivos por los que no movería un dedo, pero por este movería cielo y tierra y lo haría eterno.
“Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado. Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple.” ― Charles Bukowski.
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martes, 31 de mayo de 2016
Gabon; 01/06/2016 - 1:26 a.m
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