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domingo, 6 de abril de 2014

Perdí mi mirada.

Después de una hora de lectura
estaba hoy balanceándome en los columpios de un pequeño parque, con la mirada perdida entre unos árboles que habían enfrente de mi. Veía el viento pasar al igual que el tiempo, oía de fondo chillidos de niños inocentes, como también oía el chirrido de las cadenas del objeto en el que me encontraba y por otra parte el sonido de mis botas al golpear el suelo.
Miraba a la nada, pero lo miraba todo. Perdí mis ojos en la Luna y con ellos la esperanza de volverlos a encontrar. Ella es como yo. Es fràgil, con pensamientos descabellados que lo único que quiere es enviar a la mierda la fuerza de gravedad que la sostiene y así caer al suelo y romperse en nueve mil pedacitos blancos y grisáceos.
Quise expresar tantas cosas con mi mirada que me quedé absolutamente atontada.
Quería saber que me iba a deparar el futuro. Más que sea imaginármelo, pero nada,
¿Será eso que no tengo ningún futuro?

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