Era un libro.
Tenía un color marrón pero con tonos grisáceos, un tocar agradable, estaba algo estropeado pero era leíble.
Pasaba mis dedos sobre sus hojas y podía sentir algo extraño, como si de un orgasmo se tratase. Era tan placentero su tacto que dormía con él para sentirme acompañada. Tenía una peculiar manía que era la de oler la página por la que me había quedado antes de cerrarlo. Era una manía bastante bonita, por calificarlo de algún modo. Huelen igual pero son diferentes, cada página cuenta un olor. Y cada olor es diferente pero igual que el anterior. No pretendáis entenderme, yo sé que me digo.
Leer por las noches hasta que mis párpados no resistieran y domir con el libro sobre mi pecho. Solía soñar en como continuaría la historia, pero nunca acertaba con la siguiente página.
Cuando leía odiaba que me molestaran era como si me mataran en el mundo en el que estaba para aparecer en otro peor, la realidad.
Odiaba la realidad, era un infierno demasiado duro.
“Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado. Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple.” ― Charles Bukowski.
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martes, 8 de abril de 2014
El libro.
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