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domingo, 20 de abril de 2014

¿Jugamos?

Estaba hoy sentada bajo la sombra de un roble, allá en la montaña, obsevando mi alrededor, cuando de repente me he quedado mirando una montaña que tenía a unos ochenta metros delante de mi y he empezado a cuestionarme la vida.

Mirad, la vida es un juego.

A ti y a mi nos ha tocado la peor baraja, y para el colmo no tenemos ni puta idea de como mover ficha, no sabemos las reglas de este juego, no tenemos nada que apostar y mucho menos algo que perder.

Ellos tienen todos los ases, empiezan moviendo los reyes, nos dictan sus leyes y les molesta tener que apostar si ya saben que lo van a recuperar.

Bueno, sigamos con el juego.

Te despiertas una mañana sobresaltado de tu cama. Sudando la gota gorda, quejándote sin a penas haber movido un pie, te pones tu mejor gala, tus mejores zapatos, todo lo que no quieres perder, pero sabes que lo único que vas a perder es tu vida. Se va consumiendo. Eres hierro. Ese hierro expuesto en la baranda de unas escaleras descubiertas, el hierro que aguanta la lluvias, los granizos, las nieblas, los vendavales, eres el que lo aguanta todo, pero, ¿para qué? Si el final siempre llega. Solo las personas inteligentes deciden que ha llegado su hora de morir, los demás viven en la miseria hasta que el 'destino' les prepara un hueco en algún nicho.

Elegid el día trece, a mi me gusta.

Recordad el día.
Deseo que un día trece venga alguien y me invite a jugar al póker streep. Ese que a medida que pierdes te quitas la ropa, y como ya os he dicho ninguno de nosotros somos unos entendidos de este juego.

Yo deseo que perdamos, porque en mi deseo se pierden tus ganas, y con tus ganas y mi deseo no podremos seguir vivos, al menos en este sitio, porque en  el subconsciente se vive como un jodido dios.

Ayer subí a un ascensor. Se paró en seco y creamos un  full, éramos dos reinas y tres jotas.

¿Jugamos?

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