'De pequeña siempre he creído que los fantasmas rondaban por mi habitación y me observaban. Me querían matar y tenía miedo.
Que los monstruos guardaban entre armarios y bajo camas. Con sus grandes dientes para hacerme desaparecer.'
Habrán pasado ya algunos años desde que me he dado cuenta que esos fantasmas están en mi cabeza. Me hablan. Y no, no estoy loca, no oigo voces, los oigo a ellos.
Estaréis pensando que los olvide. Que es una paranoia mía, pero, ¿sabéis? Nunca los voy a olvidar. Tengo que aprender a convivir con ellos, por muy malas ideas y muy malos impulsos que me den. Siempre hay un equilibrio de bien y mal en todo, y supongo que en el cerebro también. Son ellos.
Pero mi bien y mi mal no están equilibrados. Están más bien desproporcionados. El noventa y nueve por ciento son mis fantasmas, el uno por cierto el optimismo. ¿Quién ganará las batallas?
Hasta hace poco les tenía miedo esos fantasmas que me observaban y me querían matar. Hoy lo están consiguiendo, opinan de todo lo que hago y me matan lentamente. Nadie lo sabe, es una cosa entre ellos y yo.
¿Los monstruos? Bien. Ya no se amagan bajo las camas, ni entre armarios. Soy yo misma un monstruo. Nadie conoce a los monstruos. Nadie sabe cómo, ni en qué se han convertido. Nadie conoce el porqué. Nadie, nadie. Hay tanto nadie para tantos fantasmas dentro de mi que me siento completamente vacía pero extrañamente completa.
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