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martes, 23 de septiembre de 2014

Mi propia muerte.

Cuando me informaron de mi propia muerte se dieron cuenta de que algo era erróneo. Pues seguían manteniendo los pies a flote, mi señor.

Piensan que todo lo que les digo es porqué se me ha ido algo de las manos, ¿O me equivoco?

Diagnosticaron el caso como si el móvil aparente fuese la envidia. Los celos. Se equivocaban. Había más. Se dignó a observar mi rostro. Desconocía el asesinato, pues.

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