De la misma manera que pudiste morir, me enseñaste a no valorar la vida. Me enseñaste a llorar por esquinas. Que mi fiel compañero de viaje es el alcohol que más grados obtiene. Que no hay aliados. Que hay más problemas, menos soluciones. Que existe el final al principio. Que nunca ha existido un principio si un buen final. Que nunca has llorado delante de valientes. Pero que los cobardes te hacían reír. Me enseñaste que nadie sueña despierto. Que todo son bulos que nos quieren contar. Dicen: ”todo irá bien", como si no supieras lo sucedido. Me enseñaste que escribiendo se liberan pensamientos. Que dando glopes no reprimes tu rabia. Que dándolo todo nunca recibes nada. Que falsos somos todos. Y absurdos también.
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