En la constancia de su mirada se hallaba la incredulidad de poder amar a un ser tan plenamente, simple y sin condiciones, con el corazón desnudo y las manos abiertas, fácil y sencillo, como una sonrisa, o café, cigarro y los buenos días .
La vida no trata de tratos, nosotros tratamos la vida.
De vez en cuando intenté imaginarme a mí, en otro tiempo, y curiosamente seguía con esa persona tan estimada, era tan curioso tener tan clara una cosa cuando simplemente la vida es un camino sin rumbo alguno...
Bueno, dejense de líos, les explicaré como empezaba esta historia, ya saben, una buena historia comienza por el final.
Me llamo Alice Liddel y esta historia no es muy fácil de entender, pero intentaré contaros
Había una vez, hace mucho tiempo, unos 13 años atrás... Yo trabajaba dentro de un pequeño grupo en la policía científica de la base a la que nos llevaron. básicamente éramos la clave, un equipo de las 5 personas que más experiencia habíamos tenido con fallecidos.
Alice Liddel criminóloga, Jane Bolkson una periodista con ideas anarquistas del norte, y con bastante genio, Alexander Kosov el de las buenas autopsias, el que solía acertar las de 73 mm , Marcus Cid el inspector ''listillo'', Jeremy Romme el cabeza, quien tuvo la sarcástica idea de llamarnos a todos para una misión paralizada...
Jeremy Romme fue nuestro profesor de derecho y criminóloga, en nuestros primeros años de universidad,
a cada uno de nosotros nos solía dar una buena valoración, además mediante trabajos observó que hacíamos buen equipo juntos... Teníamos ideas adjuntas tanto como opuestas.
Cabe decir que este profesor a mí, me gustaba bastante en esa época, me fascinaba, sus explicaciones, sus clases, lo que él podía llegar a enseñarme,de hecho habíamos tenido algún que otro encuentro sexual fuera de las clases.
Al cabo del tiempo, desapareció de allí, no volvió a pisar la institución, nadie supo si se fue por trabajo o se fue porqué realmente algo grave le había sucedido.
Pasaron los años, unos once diría yo, nos citó a todos a hora punta, el día siete de noviembre, en un bar poco conocido pero muy cercano a nuestro barrio.
Romme parecía algo exhaustado, parecía que no había pasado casi tiempo desde que no nos veíamos, pero a él el tiempo le pasó factura,
seguía vistiendo con trajes oscuros, y con su sombrero de piel negro por hábito.
Unos ojos muy grandes y abiertos, con pupilas enormes como si de heroína se tratase.
Esta vez, le sudaban las manos, bebió unas tres copas de wiskey casi seguidas en la barra, y nos acomodó en una mesa del fondo del local, entre cuadros y pinturas antiguas y dos focos de una luz amarillenta.
Nos contó el juego de los cinco ases.
Un juego muy famoso que Jeremy empezó a divagar por Rusia cuando se fue de la Universidad y abandonó su puesto.
Había encontrado una respuesta poco lógica para su trabajo.
Fue contratado en la policía científica y su seguridad cibernética y se dio con un caso que no podía resolver.
El mensaje de los siete días...
En aquellos meses se dispararon llamadas telefónicas desde repetidores anónimos, en los que números aleatorios eran elegidos para la llamada, y fallecían a los siete días...fueron muertes inesperadas la verdad y Romme no supo qué hacer.
Hace unos días recibimos todos una llamada después de casi diez años que pensábamos que cerramos el caso,
('a medias' como todo)...
A la misma hora, el mismo día, en el mismo sitio, el teléfono rojo sonó, y ella habló.
Vamos por el tercer día, ¿Te apuntas?.
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