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martes, 19 de abril de 2016

EL BARCO FANTASMA.


                                 Microrrelato XXIII

John me sonrió –algo torcida yacía su sonrisa- me miró con cara de psicopatía a través de la ventana de construcción gótica que daba a mirar a la proa desde el camarote, y yo desde fuera, cual pirata egocéntrica, le devolví la sonrisa –un tanto preocupada- acto seguido arrastró sus manos manchadas de sangre por dicha ventana, cayó al piso llorando, y allí, murió. 

Vino un oleaje, el timón empezó su curso totalmente solo, acompañando al viento que nos llevaba mar adentro, yo quedé la única de entre unos veinticinco camaradas, todos moribundos  a mis pies. 

Vislumbré una cruz roja, sobre aquella isla perdida –tierra a la vista- lancé el quinqué que mi mano sujetaba desde la cofa hasta la vela más grande, allí comenzó a arder el fuego, avivando, nuestra historia pirata, quedó prescrita en cenizas entre la mar.

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